Mario Muñoz, el médico del Moncada

Natalia I. Osorio Curbelo, María Elena Cuervo Calviño

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Resumen

Nació en Colón, Matanzas, el 26 de julio de 1912, hijo de Marcelino Muñoz Zurra, natural de Roque, Colón, de profesión fotógrafo y de Catalina Monroy Artiles, natural de Colon.
Estudió la primera enseñanza y la secundaria en el Instituto de Colón. Obtuvo el Título de Bachiller en Ciencias y Letras a los 21 años, en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, el 28 de agosto de 1934. Ingresó en la Universidad de La Habana, en el curso académico de 1934-1935, donde matriculó la carrera de Medicina.
En ese momento existía una gran crisis política, económica y social en Cuba, pues el estudiantado se encontraba en franca rebeldía contra el tirano Machado, y Mario Muñoz Monroy ingresó en el directorio estudiantil universitario.
Fue uno de los líderes de la histórica huelga de marzo de 1935. El 5 de febrero 1942 logró por fin habiendo regresado a las aulas, hacer su ejercicio de grado, obteniendo nota de sobresaliente, graduándose el 16 de marzo.
Vestía bata blanca y trataba con humildad a sus semejantes. Algunos le criticaban, porque cuando el paciente le necesitaba no le preguntaba si tenía dinero para pagar, le atendía sin miramientos...
En la década de los años 50 del siglo XX, Mario Muñoz Monroy, en la ciudad de Colón, provincia de Matanzas, estaba al tanto de las noticias, sabía que el futuro de la Patria no podría ser el de golpes de estado, represión, tiranía e inconstitucionalidad.
Antes combatió a Gerardo Machado, porque amaba la justicia, era hombre cabal, por eso no dudó en enrolarse en el movimiento que pasó a la historia como la Generación del Centenario.
De su casa de la calle Diago, hoy Museo Casa de los Mártires del Moncada, en Colón, partió en su auto hacia Santiago de Cuba para encontrarse con la historia. (1)
Cumplía 41 años de edad, y es conocido su diálogo con Fidel Castro, líder del grupo de jóvenes martianos y revolucionarios que asaltaron la madrugada en aquel julio caluroso y de carnavales en la ciudad de Santiago de Cuba.
Luego de estrecharse ambos en un abrazo, en la granjita Siboney, sitio desde donde partieron seguros hacia la Posta Tres del Cuartel Moncada, Mario le dijo a Fidel:
-¡Qué fecha has escogido! ¡Hoy cumplo 41 años, y los pongo en tus manos, que tienes 26!
Su responsabilidad en los hechos estaba vinculada al hospital civil Saturnino Lora, junto a Abel y Haydee Santamaría, Melba Hernández y otros combatientes. Después del fracaso del factor sorpresa, lo hicieron prisionero y asesinaron salvajemente.
En el histórico alegato “La historia me absolverá”, en la pequeña salita del propio hospital santiaguero, durante el juicio, Fidel se refirió al suceso:
"...El primer prisionero asesinado fue nuestro médico, el doctor Mario Muñoz, que no llevaba armas ni uniforme y vestía su bata de galeno, un hombre generoso y competente que hubiera atendido con la misma devoción tanto al adversario como a su amigo herido. En el camino del Hospital Civil al Cuartel le dieron un tiro por la espalda y allí lo dejaron tendido boca abajo en un charco de sangre..."
Crimen horrendo, pues Mario era médico, hombre honrado, el cual quiso con su vida curar las heridas de la Patria.
En su natal ciudad de Colón se le recuerda en la obra que construyen cotidianamente sus coterráneos. Escuelas, centros laborales y el hospital llevan con orgullo su nombre. Artistas regalarán poesías, música y danza en su memoria, y la casa desde donde partió en aquel día de julio, luce remozada para exhibir los tesoros que guarda.
A cien años de su natalicio, Mario Muñoz constituye guía de quienes llevan la medicina a sitios intrincados de la geografía universal; sin solicitar nada a cambio, evocan su figura.
Tal vez este 26 de julio, cuando llegue otra nueva vida al mundo y le nombren Mario, en honor al hombre bueno, vuelva a escucharse la sonrisa noble del médico que fue al Moncada y llegó a la universalidad. (2)




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